12.12.10

Por siempre

Una semana antes del viernes 31 de Julio de 2009 sabía que ese triste día podía llegar en cualquier momento. Si bien hacia rato no se la notaba de la mejor manera, esa última semana (su última semana) se la veía comer poco y la mayor cantidad de su tiempo durmiendo. A pesar de eso, todos teníamos la esperanza que esa forma en la que se le veía era solo algo pasajero, como una molestia que a los pocos días le iba a desaparecer. Lamentablemente no fue así.
La noche del jueves 30 fue triste. Ella acostumbraba a dormir en una de las camas. Siempre se la veía subir con facilidad, como si ese salto que daba le era tan fácil como dar un paso. Esa última vez que durmió en esa cama, el subir se le había convertido en todo un desafío. Trataba pero no podía. Parecía  poder lograrlo, pero no, caía antes de estar arriba. Cerca de la cama había una valija que había sido usada hacía un tiempo, pero que por alguna razón había quedado dando vueltas en ese cuarto. Posiblemente esa razón fue que esa valija pasó de ser un saco de cuero para transportar ropa y/o objetos, a ser un escalón entre el piso y la cama con el fin de ayudarla a Ella a subir a su lugar de descanso. Aprendió rápido que ese objeto puesto en el medio de su paso le iba a servir para cumplir su objetivo. Por la poca altura de la valija, solo le bastó un paso para lograr estar mas cerca del lugar en el que deseaba estar. Así volvió a intentar. Casi lo había logrado, y ahí estaba yo, dándole un empujón para que ese “casi lo había logrado” se convierta en un “lo había logrado”. Viéndolo desde hoy me pregunto porque no le ofrecí yo toda mi ayuda, sin que una valija le sirva como escalón... Será que en ese momento sabía que ella podía hacerlo, que no la podía hacer perder su dignidad de lograr un acto tan simple como subirse a una cama. O tal vez fue el no querer aceptar verla así y, de la manera mas egoísta, demostrarle que todavía podía hacerlo. Como sea. Esa noche se la vio tan débil que fue imposible no llorar.
Es difícil recordar el viernes. Tampoco tengo ganas. Fue un día tan triste durante todo el día que no vale la pena contar que fue pasando hora a hora.
A las 20:30 de esa estrellada noche de invierno, después de 15 años vividos con ella, después de tantos recuerdos, después de tantas caricias, tantas anécdotas, tantos momentos,  Flopi cerró sus ojos para siempre. Se había ido la que fue mi mascota desde el momento en que tengo recuerdos, mi mascota de toda la vida.

Cerca de fin de año mi mamá me contó que la perra de una conocida había tenido cría. A pesar de que ella había lamentado y sufrido tanto como yo la perdida de Flopi, quería una nueva compañia. Yo me negaba. No había forma de convencerme. El 4 de enero de 2010 no estuve en casa. Antes de salir, ella me advirtió que iba a ver a los cachorros de los que me había contado y que seguramente iba a volver con uno. Le volví a decir que no, que yo no quería, pero nada mas. Tal vez si en ese momento le explicaba que no me sentía bien teniendo otro perro en casa, no pasaba todo lo que iba a pasar esa noche. En medio de la tarde, yo fuera de casa, me llega un SMS de ella contándome que había llevado a uno de los perritos a casa. No me acuerdo que le respondí, pero no fue una buena respuesta. A la noche volví. Antes de entrar pensé, si no veo movimiento es porque lo devolvió. No lo hubo. Fui derecho a la cocina y no había signos de ningún integrante nuevo. Después de saludarla, mi mamá me señala un rincón. Había una especie de tupper con algo adentro. Me acerqué. Una cachorrita que parecía una pelota de pelos estaba durmiendo lo mas tranquila. La deje, me senté y lloré. Flopi estaba demasiado presente en mi recuerdo y no podía aceptar ver a otra perra ocupando su lugar. Cuando mi madre me vio así entendió porque no quería tener una nueva mascota.  Cada hora que pasó desde ese momento hasta el día siguiente fue dedicada a pensar, ¿se queda, o se va?  Había que decidir rápido si la íbamos a devolver. Finalmente, casi cuando estaba por caer la noche del día siguiente, tomamos la decisión. La devolviamos. Y así fue. Probablemente se pregunten porque tomar esa decisión, o porque mi negativa. Creo que por eso escribí algo de Flopi, para dar cuenta de cómo la sentí como una integrante mas de la familia, y como ahora que se había ido iba a ser reemplazada.

Cuando me fui a dormir no podía sacarme de la cabeza los ojitos de la cachorra que había pasado por casa durante un solo día. Empecé a dudar cuan bien habíamos hecho con devolverla. Durante la mañana del día siguiente seguí así. Cuando llegó mi mamá lo primero que le dije fue… ¿Seguís pensando en la perrita de ayer o ya te olvidaste? Me contesto que no estuvo pensando en ella, y tampoco quería hacerlo. Corriendo el riesgo de que crea que su hijo estaba loco le planteé volver a pensar en tenerla. Dejó la decisión a mi cargo.
LILA
FLOPI


Hoy Lila cumple un año de vida y un poco más de once meses en mi casa. El cariño que le tengo hace que valga la pena haberme decidido a traerla de nuevo. Ahora es mi nueva mascota. Solo nueva. Porque a pesar de que ya no este dando vueltas por la casa, Flopi también lo seguirá siendo, por siempre.

2 comentarios:

  1. yo te entiendo... yo despues de mi igor.. no quiero mas mascotas pero un dia llego Sarah... ahhh Sarahhhh

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  2. Mutti reloaded17/12/10 16:30

    ahh deberias leer esta nota
    http://www.tn.com.ar/internacional/127214/doug-el-perro-mas-feo-del-mundo-ya-tiene-un-hogar

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